jueves, 29 de agosto de 2013

CONOCIÉNDONOS EN PRISIÓN


Hoy en el penal de Lurigancho se desarrolló el tema del Yo Profundo y las subpersonalidades.
Es un tema fundamental ya que si no somos capaces de reconocer que TODOS y TODAS nacimos fundamentalmente buenos, amorosos, compasivos, creativos, nunca podremos conocernos verdaderamente ya que esa es nuestra naturaleza verdadera. 

Nadie nació delincuente, drogo, alcohólico, secuestrador, violador, asesino.  No.  En los brazos de nuestra madre y de nuestro padre fuimos seres maravillosos.

Así de inocentes nacimos todos.
El tema lo dio la Hna. Ana Marzolo, quien con su particular forma de ser dio el tema desde el peso de su gran experiencia pastoral carcelaria.  Ella nos compartió lo fundamental del tema que es precisamente eso, reconocer que somos fundamentalmente buenos y que lo negativo que aparece en nuestras vidas no son otra cosa que subpersonalidades que fuimos adquiriendo a lo largo de nuestra vida y que han hecho de nosotros lo que hoy somos.

Con la Hna. María acompañamos un grupo distinto ya que los hermanos internos de aquella primera vez ya no asisten, salvo uno que hoy fue. Ya en el grupo de ayuda mutua nos dedicamos todos a compartir los aspectos positivos de nuestra vida, el Yo Profundo, y también los aspectos negativos, las subpersonalidades.  Fueron momentos de gracia en los que cada quien dio a conocer qué tanto se conoce.  Hubo hermanos, tanto por parte de los internos como de los agentes pastorales, que recordando su pasado se emocionaron hasta las lágrimas mostrando así las heridas que aún están presentes en sus vidas y que las contaminan.

El Yo Profundo es Libertad!!!
Después de del compartir en grupo fuimos a "La lata" para llevar un mensaje de esperanza a los que recién llegan.  Entre los nuevos estaba un joven que siempre veía por mi casa, en las esquinas, con otros jóvenes que sabíamos que andaban en cosas malas.  Me apenó mucho eso, pero espero que esta experiencia del penal sea para él y para todos una "oportunidad" para mejorar por ellos y sus familias.
Regresamos a Capellanía, compartimos la mesa con los agentes pastorales, dialogamos y fraternizamos.
A la 1:35 p.m. salí del penal después de despedirme de mis hermanos hasta el siguiente jueves.  En casa me esperaban y yo iba con alegría, una alegría que se alimentó en el penal al compartir con mis hermanos internos en cuyas vidas veo reflejado el deseo de ser mejores personas.

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